Gemma Naranjo

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Reflexiones sobre el impacto de tomarse el trabajo demasiado en serio

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Recientemente, me contaron sobre alguien que había sido ascendido en su trabajo hace aproximadamente dos meses, pero que ahora se encontraba de baja debido a problemas de tensión arterial alta. La explicación que me dieron fue simple: «se tomó su trabajo demasiado en serio». Esta observación me llevó a reflexionar sobre esa frase y sobre otras personas que conozco que también «se toman el trabajo tan en serio» y experimentan diversos problemas de salud, como tensión alta, taquicardias, trastornos digestivos, ansiedad, dificultades para dormir, entre otros. Esto parece ser un fenómeno cada vez más común, al punto de que lo hemos normalizado bajo el nombre de síndrome del burnout.

La idea de que tomarse en serio el trabajo implica sacrificar la salud puede haber surgido de una serie de factores culturales, sociales y organizacionales. Aquí hay algunas posibles razones:

  • Cultura laboral competitiva
  • Expectativas poco realistas con carga de trabajo desmesurada en plazos ajustados
  • Falta de límites entre el trabajo y la vida personal.
 

Sin embargo, más allá de estos factores externos, quiero explorar el aspecto personal de esta cuestión. ¿Cómo nuestras propias decisiones y creencias influyen en nuestra salud y bienestar en el trabajo?

Es cierto que existen demandas externas y momentos en los que es necesario trabajar más horas, pero en última instancia, es nuestra propia decisión personal cómo respondemos a esas demandas. Esto se basa en nuestra percepción de cómo debemos comportarnos en el trabajo y en la importancia que le damos a nuestros valores personales.

¿Te has parado alguna vez a pensar cómo crees que debes comportarte en el trabajo? Aquí estoy yendo más allá de los comportamientos sociales; me refiero a tus creencias sobre el trabajo. Déjame mencionarte algunas que quizás te digas o hayas escuchado a otras personas:

  • “El trabajo es lo más importante»
  • “Mi valía está determinada por mi éxito laboral»
  • “Siempre debo estar disponible»
  • “No puedo decir que no»
  • «El éxito solo llega a través del sacrificio personal»
 

Estas creencias pueden venir del entorno personal donde te criaste y las diferentes vivencias que tuviste, sumadas a las creencias que nos rodean. En sí mismas, las creencias son inocuas, pero cuando las ponemos en confrontación con nuestros valores personales, ahí es donde puede generarse el conflicto interno.

Por ejemplo, imagina que uno de tus valores más importantes es pasar tiempo con tu familia, pero te encuentras constantemente atendiendo llamadas fuera del horario laboral porque sientes la obligación de satisfacer las demandas de tu manager. Este conflicto entre tus valores personales y las expectativas laborales puede llevarte a un estado de desgaste emocional y físico. Los primeros síntomas físicos son dormir mal y problemas digestivos. El desgaste emocional puede verse reflejando en pérdida de paciencia y pensamientos negativos sobre tu trabajo.

Entonces, ¿qué hacer? Tomar conciencia de lo que te dices ya es un gran paso. Desde ahí, puedes comenzar a tomar decisiones para apoyarte en tus valores y establecer límites saludables en el trabajo.

Es importante reconocer que no todas las personas caen en este conflicto. Lo que les diferencia es la sintonía entre los valores personales y las creencias con las que navegan su vida.

En resumen, es esencial encontrar un equilibrio entre nuestras responsabilidades laborales y nuestras necesidades personales. Esto implica conocer y explorar nuestros valores actuales y las creencias que pueden estar influyendo en nuestra vida, a menudo de manera inconsciente.

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